
Esperemos a que caiga la noche y quitémonos la soledad solo por un momento.
Olvidemos los problemas, las preocupaciones, el deber y la razón; dejemos atrás las responsabilidades y aquello que hemos hecho con nuestras vidas después de tantos años.
Recuéstame sobre la cama lentamente, desabrocha los botones, recórreme entera…
Siénteme.
Regálame susurros, suspiros, caricias… Bésame, abrázame.
Déjame sentirte, sentirme.
Dejémonos llevar por este deseo que nos arranca del mundo ya conocido.
Porque, cariño, siento como si no hubiera un arriba o un abajo, como si el cielo se mezclase con el mar y no existiese la gravedad.
No hay nada, solo nosotros dos.
Sigamos disfrutando de esta obra de dementes hasta que la noche llegue a su fin y el cielo vuelva a ser cielo y el mar, mar.
Que al llegar la mañana, de todo aquello solo quedará
la soledad…
… Aunque haciendo el amor, uno puede olvidarla fácilmente.
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